“ASÍ SIENTO MI PAÍS”

“ASÍ SIENTO MI PAÍS”

Por: Valeria Esteban, Comunicadora Social – Periodista

Cómo duele cuando una familia se autodestruye ante nuestros ojos inertes; cómo duele cuando pareciera que todo se está acabando porque algunos de los miembros sencillamente están llenos de ira, de odio, de rencor y no aceptan puntos de vista diferentes porque solo quieren imponer los suyos; cómo duele cuando parecieran enceguecidos y quieren tomar la justicia por su propia cuenta, incluso haciendo daño a los más inocentes de la casa; cómo duele cuando en el hogar antes se respetaba y se hablaba con prudencia, tratando de tener armonía, aun cuando habían muchas cosas en las que no habían puntos en común, todos luchábamos por seguir… Tristemente, así siento a mi país.

Si comparo a Colombia con una casa, en la que a pesar de los problemas que ya todos conocemos llamados: narcotráfico, corrupción, guerrilla, inseguridad, pobreza, migración, etc. Aun así, esta casa siempre ha sido un buen vividero, ha ido hacia adelante, procurando hacer lo mejor, para ser un buen país en medio de las dificultades, una nación en la que empresas internacionales tenían puestos los ojos para ayudarnos a crecer, generando empleo digno; y ni hablar de los pequeños y medianos empresarios que unidos, son los que en general, mantienen el estado a través de los impuestos con los que se realiza la inversión social para los menos favorecidos.

Pero entonces, ¿a quién se le ocurre entrar a destrozar la casa en la que vive?, ¿Dañar la cocina porque su mamá no prepara lo que le gusta? ¿Desaparecer la vitrina con la cual uno de sus hermanos vende pequeños artículos por una humilde ventana y ayuda al mantenimiento del hogar? ¿Quemarle la cama a su papá porque le desagrada las decisiones que toma como autoridad? ¿Botar el botiquín donde están los medicamentos de la abuelita, lo cual puede causarle la muerte? ¿Romperle la alcancía al hermanito que con tanto esfuerzo ha estado juntando sus moneditas para darse gusto algún día? ¿No dejar que su hermana embarazada y a punto de dar a luz salga a buscar una clínica y el bebé muera en el intento de venir a este mundo? Cosas como estas, sólo se le ocurren a mentes macabras o a aquellos que manipulados por manos oscuras reciben dinero para causar caos; así tal cual está nuestra bella Colombia, nuestra casa, a la que vemos indolentes como alguna minoría desadaptada la quiere desangrada.

Porque si volvemos al ejemplo de la casa, como en todas, hay tropiezos, roses, desacuerdos, unos que exigen y otros que ceden, unos que gritan y otros que dan calma, unos que sentencian y otros que amnistían; y el meollo del asunto siempre se resumen en saber comunicar, no es lo que se dice, es cómo se dice… Decir las cosas sin apegos, pero sin agresividad, de manera sincera, pero sin imponer a la fuerza, pedir pero no exigir si no se ha trabajado por conseguir, porque todo en la vida debe ser un equilibrio, un dar y recibir mutuo, un consenso entre las partes y si definitivamente no le funciona, no es lo que llena sus expectativas, no vengan a amenazar, a hacer explotar como polvorín con armas a la gente en la cabeza; pues mejor abra camino y busque mejores oportunidades, pero no acabe con su casa, en este caso Colombia, con sus raíces, con aquello en lo que sus antepasados fijaron su esfuerzo, su mirada, su tiempo, su trabajo, sus sueños.

Bien dice el adagio “lo que funciona bien debe seguir funcionando igual” y lo que se deba mejorar, no se exige a la fuerza, atropellando al otro, coartando la libertad de los demás, de manera intolerante, agresiva, haciéndose la víctima ante el mundo y hasta haciendo correr sangre. ¡Así no es! Recuerde que cuando usted apunta a otra persona con un dedo, hay 4 más que lo señalan.

Colombia es nuestra casa señores, el hogar de muchos extranjeros que son recibidos con brazos abiertos, con oportunidades de rehacer sus vidas, pero que no tienen derecho a venir a destruir, como “asesinos a sueldo”. No podemos seguir haciendo que nos vean como un país inviable, mientras los inversionistas que están generando empleo, salen corriendo del país con sus capitales, lo que significa desaceleración económica, menos trabajo, más pobreza, y todo por aquellos que no saben o no quieren comunicarse de manera adecuada, pacífica sensata y civilizada y no quieren tener puntos de encuentro, para volver a ver a Colombia con los ojos de la esperanza.

Que Dios no ampare de los insensatos, desadaptados y que como borregos solo repiten lo que las manos untadas de sangre y con sed de poder, quieren ver: “La casa destrozada”.  

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