Por: Valeria Esteban, Comunicadora Social – Periodista.
Pareciera que nos mantuviéramos solo como espectadores de un mundo que camina como si lo hubiera invadido un velo de maldad. Vemos diariamente en noticias y no necesariamente en medios de comunicación tradicionales, sino en redes sociales, cómo vamos en deterioro total.
El detrimento que como seres humanos estamos viviendo: guerra, migración masiva, muerte, hambre, violencia de género, maltrato y violación de niños, asesinatos, secuestros, injusticia, desempleo, drogas, engaños, entre otros, ese pareciera ser el pan de cada día, haciendo que se nos convierta en paisaje y que nos volvamos hasta cierto punto insensibles, y todo esto, causado por el mismo hombre, por las ansias de poder, de fama y soberbia.
Y aunque los problemas son globales y no exclusivos de estas tierras, dicen que cada cual habla de su propia realidad, y de cómo le va en el paseo, pero en Colombia, pareciera que estamos viviendo todo lo peor que nos podamos imaginar, al borde de un abismo, del que, si caemos, podrá tomarnos décadas volver a salir. Después de cuatro años, en los que a través de los principales canales de televisión, incluso redes sociales de algunos influencers vimos tristemente cómo dispersaron por las plazas principales de las ciudades la magia negra, las consagraciones a través de chamanes traídos de Haití y Cuba contratados por el candidato principal del momento, pareciera que nos llegó verdaderamente la rolla.
Tenemos en estos momentos, todos los males juntos, más un presidente que desgobierna, que prefiere viajar constantemente y ausentarse, antes que ocuparse de nuestros problemas, que elige poner la cara a favor de un violador de niños, pidiendo una nueva oportunidad para él, en lugar de expresarse a favor de las propias víctimas y sus familias afectadas, que pide más amor para los integrantes del “Tren de Aragua”, mientras, matan secuestran y roban a ciudadanos que luchan por salir adelante; que le da prioridad a sus cirugías y problemas personales, a manifestarse ante el secuestro por parte de la guerrilla, de un menor de 11 años, en el departamento del Valle, donde todo un pueblo clama por su regreso; que se olvidó del Catatumbo con sus muertos, desplazados, el desempleo, el hambre y el miedo con el que siguen viviendo sus ciudadanos; que no apoya a sus fuerzas armadas, tratando de confrontar a todo un país, porque no atienden sus caprichos como él lo quiere, como si fuera un niño chiquito, pidiendo a sus seguidores reales y a los pagos a sueldo, como los indígenas que suele traer a las principales plazas de la capital para, según dicen, atarse al poder como lo han hecho sus grandes amigos de Cuba y Venezuela, y así sucesivamente, por no anotar más.
Este velo de maldad que tiene el mundo agonizante, es solo el resultado de una humanidad que no camina rectamente, que vela solo por sus propios intereses, como por arte de magia, lo bueno se cataloga como malo y a lo malo se le llama bueno, por eso se vuelve noticia y escándalo, que el recién elegido Papa León XIV, diga que las familias tradicionales son las conformadas por hombre y mujer y no siga la corriente LGBTIQ+ o se refiera a ella. Por otra parte, en redes ya se empezó a hablar del tratado de las pandemias firmado por 190 países, dentro de lo cual también se quiere volver a controlar la humanidad, a encerrar y vacunar masivamente a millones de personas, por intereses de unos pocos que van desde presidentes, hasta laboratorios, pasando por médicos, periodistas e influencers pagos, para darle largo alcance a medidas que solo nos quieren esclavos. Y ni que hablar de la economía mundial ad-portas del colapso, empezando por USA que aunque no queramos, aún sigue mandando la parada a través del dólar, porque el dinero no alcanza para nada y cada vez las familias se sacrifican más en tiempo de calidad y amor, para con trabajos extras lograr cubrir el fin de mes, se prefiere vivir de arriendo, porque no da para adquirir casa propia, eso con lo que muchos soñamos en nuestra juventud, por eso muchos jóvenes no logran despegar de casa, y algunos que se fueron llenos de ilusiones, tristemente vuelven a casa de sus padres.
Y ya para terminar, este velo de maldad con el que vive el mundo y con decisiones puntuales de aquellos que se creen dioses, afecta también nuestro medio ambiente, que cada vez nos la cobra más y más duro, con las lluvias haciendo de las suyas en inundaciones, derrumbes, vías cerradas y cientos de familias con el agua al cuello, el sol inclemente en otras zonas y las afectaciones en el ser humano, la naturaleza cambiante, la caída del fluido eléctrico y obviamente hasta las comunicaciones. Pobres de nuestros hijos, si no cambiamos, si no tenemos más amor, más compasión, menos soberbia y maldad, porque solo recibirán un mundo agonizante.


