Por: Rodrigo Beltrán – Estratega en comunicaciones y Presidente Bells Medios
En las últimas horas, las empresas encuestadoras que han tenido la responsabilidad de presentar a la opinión nacional el resultado de sus estudios sobre la intención de voto de los colombianos, se han visto en la picota pública por cuenta de dos candidatos: Petro y Vargas Lleras, quienes las han calificado de sospechosas y han llegado a insinuar un interés partidista por parte de los dueños de dichas empresas, tildan de no estar fundamentadas las estadísticas y mucho menos su metodología y que mantienen a Iván Duque en primer lugar, Petro en segundo y Vargas Lleras en una cuarta posición. Los aspirantes piden mayor intervención de control y seguimiento de la veracidad de los procesos al Consejo Nacional Electoral, vale la pena decir que en Colombia no existe hoy en día una normatividad clara y menos vigente, que obligue a la vigilancia y supervisión de encuestas electorales.
Pero en el fondo lo que interesa saber es ¿cuál es el efecto, cuál es el mensaje y la comunicación que llega, la tendencia que marca a la opinión nacional y esencialmente al ciudadano de a pie, la presentación del resultado de una encuesta como patrón de medición, para logra influir en el comportamiento del votante frente a las urnas? y ¿Si es verdad que en la recta final se convierte en una tendencia a seguir, es decir, el favoritismo y lo que dicen las encuestas es lo que hay que mantener en la discusión pública, familiar, tertulia de ciudadanos antes de votar?
Aquí está el delicado mensaje de comunicación que para muchos expertos manipula logrando marcar tendencias definidas y para otros ya no influye. Hoy, según el gigante de redes sociales, 14 millones de colombianos mantienen comunicación alrededor de las elecciones presidenciales en Facebook con un porcentaje de interacciones así: Gustavo Petro 61.8 millones, Iván Duque 44.6 millones, Sergio Fajardo14.4 millones, Germán Vargas Lleras 9.2 millones, Humberto De La Calle 8.3 millones. ¿Esto lo miden las encuestas? El orden no necesariamente significa un favoritismo, pues la red social no entrega para este caso el volumen de comentarios negativos, positivos, neutros o polémicos y es complejo debido a la velocidad e inmediatez de lo digital, donde factores como la pasión y poca razón tienen un porcentaje bien importante.
¿Esta realidad digital es confiable? No necesariamente, pero marcan una pauta importante, difícil de medir por parte de las encuestadoras, que en muchos casos erradamente las desconocen, recordemos la elección de Barack Obama, que en su momento fue debida a su hábil estrategia en redes sociales, el caso de la salida del Reino Unido como parte de la Unión Europea, etc. Ahora bien, las encuestas recientemente en varios países, según experiencia comprobada en materia de elección presidencial, se han equivocado, basta tener como ejemplo lo que sucedió en Costa Rica, hace pocas semanas, cuando Carlos Alvarado de Acción Ciudadana, quien no era favorito según los estudios de intención de voto, ganó holgadamente con más del 67% las elecciones.
Lo cierto es que las encuestas al final del día, con su mensaje integral del mapa de preferencias, marcan una tendencia pero no son la última palabra, se ha demostrado sus debilidades de proyección a la hora de sufragar con el inconsciente del votante, las redes sociales igualmente con su calor y discusión abierta muchas veces subvalorada por su nivel tan bajo lleno de agravios, informaciones falsas y manipulación, sin duda también crean una ruta de favorabilidad o rechazo.
Mi conclusión, la comunicación efectiva y de potencial generador de intención de voto no está solo en las encuestas, ni tampoco solo en las redes, es una combinación del viejo pero eficaz método de comunicación y publicidad, el voz a voz y la libertad que tiene el ciudadano en su intimidad para marcar su voto el día de elecciones… Aquí si se aplica el “amanecerá y veremos”.


