Por: Valeria Esteban, Comunicadora social- Periodista.
Según el diccionario de la Real Academia de La Lengua Española, la resiliencia, se entiende como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos; el amor, como un sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear; y el perdón, como la decisión voluntaria y consciente, que nos libera de sentimientos negativos, como el rencor, resentimiento, enojo, dolor.
Esas tres palabras —resiliencia, amor y perdón— son las que definen a María Claudia Tarazona, luego del atentado cometido contra su esposo, el candidato presidencial Miguel Uribe Turbay, y son verdaderamente muy significativas y dignas de ejemplo, para aquellos que hemos hecho seguimiento a esta dolorosa situación que nos ha sacado lágrimas, pero que también nos ha unido, a este país, que a veces se ve tan indolente, frío y vengativo, donde la palabra lanzada al aire, parece cuchillo de dos filos que mata anticipadamente y que como maldición acaba con los sueños de familias enteras.
María Claudia, en declaraciones dadas al programa “Los Informantes” afirma que se ha sostenido en medio de su drama, de ver casi morir en sus brazos al amor de su vida, como ella misma lo ha dicho, gracias a su fe católica inquebrantable, a creer en los médicos diligentes que atienden a Miguel, y a sus hijos, su familia, la que espera tener buenas noticias, para que el padre vuelva sano y salvo al hogar.
Colombia, el país del Sagrado Corazón, donde a pesar de la gran fe que profesamos, todos los días escuchamos noticias que nos desgarran el alma. Porque, en general, vivimos llenos de rencor, de ser ventajosos buscando el bien personal, arrasando al que se atraviese a nuestros objetivos y donde reina especialmente, la falta de perdón. Sin embargo, Tarazona, esta mujer, ha mostrado en medio de su drama, su talante, su fuerza, ganas de seguir adelante con Dios de la mano y dándonos ejemplo, para que el resto del país aprendamos a amar sin medida y, sobre todo, a perdonar. Porque esto sí que es de valientes.
Así lo ha demostrado al referirse al joven de 14 años que atentó contra Miguel, sin odio, sin resentimiento, más bien con lástima de ver un muchacho que, a su edad, no hacía cosas de jóvenes, solo pensaba en matar.
María Claudia, ha afirmado en el mismo programa, que la violencia se le metió en su casa, y que: “nada te humaniza más y te acerca más a Dios, que el dolor. Veo los milagros día a día”. Y con eso se queda, pendiente de su amado Miguel y de sus cuatro hijos, para los cuales debe ser fuerte y continuar.
Y es que, en varias oportunidades, nos ha demostrado de qué está hecha, convirtiéndose en ejemplo para muchos de nosotros, que nos desanimamos al primer tropiezo, que no hemos aprendido a ser resilientes. Y María Claudia, a pesar de sus momentos de dolor, de incertidumbre, sigue adelante, apoyada en su fe inmutable, en el amor por sus hijos y el apoyo de cientos de colombianos que seguimos orando, y saliendo a marchar si es necesario, por la vida, pidiendo por la salud del Senador Miguel Uribe y la paz de nuestro país.
Es momento de reconciliarnos, de aprender a confiar, a soltar, amar y perdonar, tal como lo ha hecho esta mujer, quien, desde su dolor, nos comunica y enseña a ser mejores seres humanos en un país lleno de caos.
Sencillamente, gracias, María Claudia. Como buena comunicadora, estás haciendo lo mejor, no solo por tu esposo Miguel y tu bella familia, sino también por Colombia. Qué bello ejemplo. Aplausos de pie para esta valiente mujer…


