Por: Valentina Guatibonza, Especialista en Comunicación Multimedia
“La lectura es a la mente, lo que el ejercicio al cuerpo”. Esta afirmación hecha hace más de 300 años por Joseph Addison -ensayista, poeta y dramaturgo inglés- cobra vigencia en nuestro mundo actual. Varios estudios, como los realizados por la Universidad de Emory (Atlanta) y por el Centro Médico de la Universidad Rush (Chicago) han comprobado que leer es la mejor gimnasia para el cerebro, pues, entre muchos otros beneficios, aumenta nuestro flujo sanguíneo, potencia el pensamiento secuencial, alimenta la imaginación, controla la atención y dirige la toma de decisiones además de protegernos de padecer enfermedades neurodegenerativas.
De igual forma, a nivel interpersonal nos permite generar temas de conversación -lo que facilita la interacción con otros-, expande el vocabulario, mejora las habilidades de expresión oral y escrita y aumenta nuestra empatía. Sin duda, es uno de los mayores y más valiosos aprendizajes que podemos tener como seres humanos.
No obstante, con cada cambio y/o innovación en el mundo, llegan también nuevos hábitos que vamos adoptando instintivamente para poder estar a la vanguardia de lo que la globalización exige. La convergencia tecnológica, en manos de Internet, moldeó la forma como accedemos a los contenidos, a tal punto de acostumbrarnos a hacer todo a través de pantallas.
Está claro que existen tantas lecturas y tipos de texto, como lectores, pero también es evidente que al tener a nuestro alcance gran cantidad de información y poco tiempo para profundizarla, optamos -en la mayoría de las ocasiones- por realizar un ‘paneo’ rápido, un ‘escaneo’ superficial que permite fijarnos solo en los títulos y datos destacados pasando la mirada de un lado a otro, saltando temas de interés.
Maryanne Wolf, neurocientífica cognitiva de la Universidad estadounidense de Tufts, en entrevista con el diario El País de España, puso de manifiesto la preocupación generalizada en la comunidad de investigadores por los efectos perniciosos que puede producir esta costumbre: “Temo que la lectura digital esté cortocircuitando nuestro cerebro hasta el punto de dificultar la lectura profunda, crítica y analítica”.
Y no es para menos. Posiblemente, mientras usted intenta leer este texto, diversas notificaciones buscan acaparar su atención: mensajes en redes sociales, correos electrónicos personales o laborales, anuncios publicitarios, recordatorios y hasta alertas de juegos. Por consiguiente, es probable que no alcance a llegar hasta el final, o deba retomar la lectura varias veces. Tranquilo, no será el único.
Definitivamente, Internet ha cambiado la forma en que leemos. Brinda posibilidades ilimitadas y crea nuevos lectores, más activos, interactivos y participativos, pero que han perdido el tradicional sistema occidental de visualizar de izquierda a derecha: letra por letra, palabra por palabra, renglón por reglón hasta el último punto.
¿Se ha detenido a pensar, por un momento, el porqué del éxito de la industria editorial, educativa y hasta periodística en línea? El e-commerce, el e-learning y las noticias multimedia en la web han acaparado la atención de los internautas a nivel mundial. El aumento en este tipo de prácticas tiene su explicación en las ventajas económicas y de acceso que se traducen en beneficio para los usuarios, quienes, pueden visualizar variedad de contenidos de forma gratuita, digitando tan solo un usuario y una contraseña.
Lo anterior hace que compañías de diversos sectores y medios de comunicación utilicen esta vía como incentivo para que clientes y adeptos consuman sus productos sin necesidad de esperar. ¿Es bueno? ¿Es malo? La respuesta la dejo en sus manos, pero si lo analiza un poco, en un país como el nuestro, en el que el índice de lectura es tan bajo (no llegamos ni a 2 libros al año según la última encuesta de Consumo Cultural del Departamento Administrativo Nacional de Estadística - Dane), estas prácticas solo premian la pereza y mediocridad poniendo en riesgo nuestra capacidad evolutiva y nuestra naturaleza como colombianos.
Aquí termina el artículo. Si logró llegar a este punto, lo felicito y se lo agradezco.
Ya puede darle paso a su siguiente tarea pendiente…


