Por: Valeria Esteban, Comunicadora Social – Periodista.
En las más recientes noticias polémicas, hemos visto que, los gobiernos de países como España, Australia y Francia han optado por prohibir las redes sociales a menores de 16 años, ya que se encuentran expuestos a una cantidad de información descontrolada, entre ellas la pornografía, el homosexualismo y hasta páginas de cómo suicidarse, para todos los gustos.
Para los más liberales, y que defienden a capa y espada la utilización de las redes, esto es absurdo, pues es mejor instruir a los menores de edad sobre el buen uso de las redes y no coartarles la libertad de sus derechos y el libre desarrollo de su personalidad. Según ellos, el tema es por qué nadie protege la información nociva que se maneja en las redes sociales y se queda solo en la prohibición y las restricciones.
Sin embargo, ¿cómo un menor que aún no puede votar en elecciones, o no tiene una licencia de conducción, y no tiene la capacidad para discernir en muchos aspectos sobre lo bueno y lo malo, sí la tiene sobre la información desmedida que aparece continuamente y nos deja prendidos haciendo el scroll (desplazando contenido hacia arriba o hacia abajo, de páginas o textos a veces no deseados) viendo una y otra vez lo mismo y que aparte nos vuelve adictos, incluso a quienes tenemos más capacidad de discernir?. ¿Dónde queda la responsabilidad de los padres de familia que no son capaces de decirle no a sus hijos, ante el uso de las redes sociales? ¿Por qué hay tanta falta de creatividad y de tiempo entre los adultos, para poner a los menores a realizar actividades diferentes que no involucren pantallas y les permita desarrollar otro tipo de aptitudes para el resto de la vida? Por supuesto, porque lo más fácil es entregarle un “celular niñera” que disponga a los más pequeños cómo matar el tiempo.
Paralelamente y asimismo, las preferencias van cambiando, y ahora se empieza a proponer una nueva tendencia, especialmente entre la generación Z y los centennials, denominada “posting zero” en la cual se deja de postear o subir información en redes sociales, borrar publicaciones antiguas, mantener perfiles privados y consumirlas de manera pasiva, como un cambio cultural, sin interactuar. Se regresa a lo básico, porque la gente ya no quiere estar alerta, ni esperando ser vistos, ni sumando likes para ser populares o monetizar, sin necesidad de validación o sobreexposición, utilizando el teléfono celular únicamente, para realizar o recibir llamadas…
Aunque es difícil deshacerse de las redes sociales y plataformas, indiscutiblemente, toca ponerle un “pare” a la adicción. Este es un buen punto, que podemos empezar a adquirir todos, mayores y menores, y utilizar este tiempo de calidad, para mirarnos más a los ojos, para hablar más en familia, para entender que el tiempo pasa muy rápido y debemos aprovecharlo con los seres que amamos… ¡Que viva la vida sencilla y básica y no la que nos consume, idealiza y hasta deprime cuando no podemos alcanzar lo que otros tienen!.


