Por: Rodrigo Beltrán - presidente Bells Medios.
Colombia, hoy, está sumergida en una comunicación caótica donde abundan la agresión, la injuria, el todo vale, la ofensa en la palabra, el irrespeto y un deterioro al valor de la vida.
Todo lo anterior, se ha convertido en el “cóctel perfecto” para unas redes sociales invadidas de actos de cobardía que alimentan lo que se puede considerar un cultivo de agresores, creando miedo, desesperanza, desilusión, impotencia, angustia, y todos los demás calificativos aplicados a una sociedad donde abunda y crece de manera incontrolada, la basura mental.
Y como si fuera poco, todo este diagnóstico lo estamos viviendo en época preelectoral, en la cual crecen las pasiones, los sectarismos, el irrespeto al pensar distinto, los Fake News y todas las herramientas descabelladas para generar más caos o simplemente querer aplastar a los que piensan distinto o a los candidatos que no son de sus preferencias. Esta polarización que en la actualidad estamos viviendo, es histórica en nuestro país y está agobiada por oídos sordos, donde ninguno acepta nada o, sencillamente, trata de bajar la cabeza de manera civilizada y entra en una comunicación respetuosa, un diálogo constructivo, reflejo en sociedades en democracia.
Como han dicho por ahí, estamos en una sociedad de odios populistas, donde manda la enfermedad de alimentar el ego de los líderes e influenciadores en diferentes sectores, quienes quieren hablar más de ellos mismos, que de guiar con responsabilidad a una comunidad que los sigue. Vivimos en el pecado de querer demostrar a los demás sobre: ¿quién agrede más?, “lo que yo pienso es la verdad”, “tengo el conocimiento y la experiencia para profetizar a los demás sin reclamo alguno”, etc.
¿Cuál es la salida hoy? ¿De qué manera podemos reconstruirnos para calmar los espíritus de manera responsable? ¿Cómo así lo piden muchos sectores, comprometernos a bajar el tono y contribuir a reducir la polarización? Ante esto, es loable y con perfil de grandeza lo que han impulsado como campaña —así no lo hagan tácito— sectores como la Iglesia, medios de comunicación, y, uno de los casos, Noticias Caracol, Blu radio y otros, en donde apoyan y toman la iniciativa de hacer un llamado al respeto de las diferencias y a bajarle al agrio y peligroso juego de un vocabulario en redes, especialmente, que traspasa los límites de la dignidad.
Por ejemplo, el muy popular Padre Linero, ha hecho un esfuerzo notable por enviar llamados, casi a diario, para cambiar la actitud con mensajes de tranquilidad, de equilibrio, de calmar espíritus al garete y de construir, entre todos, un diálogo de valor y en paz. Es una labor pedagógica y educativa llena de principios básicos de una comunidad civilizada, que también desarrolla a través de Blu Radio.
Sin embargo, todo parece —ojalá esté equivocado— que estos esfuerzos son bizantinos y que es difícil lograr la meta de alejarnos de un lenguaje irracional y de la práctica de políticas baratas que nos están llevando, sin retorno, al infierno también de una Colombia en los años noventa.


