DEMOCRACIA ASEDIADA: UN LLAMADO A LA CORDURA Y EL PODER DE LOS MEDIOS

DEMOCRACIA ASEDIADA: UN LLAMADO A LA CORDURA Y EL PODER DE LOS MEDIOS

Por: Juan Pablo Pérez, Comunicador Social y Periodista

El reciente atentado contra el senador y candidato presidencial Miguel Uribe Turbay, uno de los múltiples actos de violencia que hoy sacuden los cimientos de nuestra ya frágil democracia, nos obliga a reflexionar sobre el papel ineludible de los medios de comunicación como contrapoder, como ese llamado "cuarto poder" encargado de vigilar al poder y contribuir a la cohesión social. Este execrable suceso, que atenta contra la vida de una figura pública sin importar su partido o inclinación política, es un retroceso doloroso en materia de seguridad y, por ende, en la garantía de los derechos humanos para todos los ciudadanos. Hechos como este, que evocan los capítulos más oscuros de nuestra historia, no pueden volver a ocurrir en el país.

Pero el atentado contra Uribe Turbay no fue un hecho aislado. La jornada de martes 10 de junio de 2025 fue especialmente violenta: en los departamentos de Valle del Cauca y Cauca, se registró una ofensiva terrorista que incluyó al menos 24 ataques coordinados, entre ellos explosiones con carros y motocicletas bomba, disparos, drones armados y ataques con granadas, dirigidos principalmente contra estaciones de policía y alcaldías. El resultado fue devastador: 7 muertos —entre ellos dos policías— y 28 heridos, entre civiles, militares y uniformados. Las autoridades atribuyen estos actos a las disidencias de las FARC‑EMC bajo el mando de Iván Mordisco, y los vinculan tanto a operativos recientes del Ejército como al aniversario de la muerte del disidente alias “Mayimbú”. Este tipo de escaladas no solo atentan contra la seguridad nacional, sino que buscan generar un ambiente de miedo e inestabilidad institucional.

Los medios de comunicación, en su labor de informar, investigar y “fiscalizar”, se erigen como un baluarte fundamental frente a los abusos del poder y la polarización que hoy nos consume. Como señaló el Nobel Gabriel García Márquez, "La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón". En ese orden de ideas, su compromiso con la verdad y la objetividad es vital para desentrañar los hechos, exigir responsabilidades y, en última instancia, proteger la integridad de nuestro sistema democrático.

No obstante, la tarea de los medios se complejiza en un ambiente saturado de desinformación, odio digital y lenguaje beligerante. Las redes sociales, convertidas en campos de batalla simbólica, amplifican una narrativa nociva que deshumaniza al otro y banaliza la violencia. Lo preocupante no es solo la existencia de "bodegas" que operan con impunidad, sino también el rol de líderes de opinión y figuras públicas —algunos con millones de seguidores— que se expresan con un lenguaje incendiario, elevando la temperatura emocional del país. A ellos también debe hacérseles un llamado a la cordura: bajar el tono, evitar los calificativos despectivos y reconocer en el otro a un interlocutor, no a un enemigo.

Como aprendí en la universidad, en mis clases en la facultad de comunicación, a través de las lecturas del maestro polaco Ryszard Kapuściński: los periodistas ante todo deben ser buenas personas. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. En este contexto, la estigmatización del adversario, el poco reconocimiento de las diferencias y la costumbre de "señalar con el dedo” en lugar de debatir ideas, envenenan el debate público y erosionan la cohesión social.

Así las cosas, la irrupción de actos violentos como el sufrido por el senador Uribe y la ofensiva terrorista del suroccidente colombiano ponen de manifiesto la urgencia de un cambio de rumbo. La convocatoria del presidente Petro a una reunión con todos los partidos políticos, aunque inicialmente pudo parecer una oportunidad de conciliación, se vio opacada por la no aceptación de nueve colectividades que desconocieron al mandatario como garante del proceso electoral. El presidente, según Infobae, criticó esta postura, acusando a los partidos de "utilizar el atentado de Miguel Uribe para devolvernos al pasado" e incluso sugiriendo un intento de golpe de Estado. Esta situación, lejos de propiciar la unidad, profundizó la polarización y desaprovechó un momento crucial para mostrarle al país un frente común ante la violencia. Como ha sostenido el diario El Espectador en su editorial, "la polarización extrema es un caldo de cultivo para la violencia”.

Por lo tanto, es imperativo que los medios, con la credibilidad que les otorga una trayectoria de independencia y rigor, hagan un llamado vehemente a todos los actores políticos y sociales a moderar su discurso. Pero también lo es que estos actores —incluidos influenciadores, líderes de opinión y periodistas— asuman su responsabilidad ética con el país, sabiendo que cada palabra dicha en voz alta o en una red social puede encender una chispa en una sociedad ya inflamable.

Aunque la situación se presenta compleja, la responsabilidad de los medios es ineludible. Deben ser la voz que clama por la serenidad en medio de la tormenta, el faro que ilumina la senda del respeto por los derechos humanos y la tolerancia política. Solo así podremos aspirar a construir una nación donde la pluralidad de ideas no sea una amenaza, sino la riqueza que impulse nuestro progreso.

¡Pronta recuperación al senador Miguel Uribe! Que este difícil momento sirva para replantearnos qué país queremos ser.

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