Por: Juan Pablo Pérez, Comunicador Social y Periodista
El reciente fallecimiento del Papa Francisco invita a una reflexión profunda sobre su impacto, no solo como líder religioso, sino como una figura que redefinió la comunicación desde la Sede de SanPedro. Su pontificado marca un antes y un después en la forma en que el Vaticano se relaciona con el mundo, impulsado por un estilo auténtico, sencillo y profundamente humano, que logró resonar mucho más allá de los círculos católicos. Jorge Mario Bergoglio, su nombre de pila, comprendió intuitivamente un principio vital en el siglo XXI: que "el mensaje se transmite tanto o más por la presencia, la acción y el símbolo que por la palabra escrita o el discurso formal", según señala un artículo en Beers & Politics titulado "El papa Francisco y su comunicación de gestos".
La comunicación verbal de Francisco fue una ruptura refrescante con la formalidad tradicional. Optó por un "lenguaje notablemente sencillo y directo", accesible para todos, utilizando metáforas extraídas de la vida cotidiana, incluso referencias tan cercanas como el fútbol, para ilustrar conceptos teológicos complejos, de acuerdo con un "Análisis del Comportamiento No Verbal del Papa Francisco". Esta elección deliberada buscaba hacer el mensaje del Evangelio comprensible y relevante en un mundo secularizado.
No obstante, el verdadero poder de su comunicación residió en su lenguaje no verbal. Francisco dominaba magistralmente "el lenguaje de los gestos". Cada acción, desde su decisión inicial de hospedarse en la Casa Santa Marta, en lugar del opulento Palacio Apostólico hasta gestos cargados de simbolismo como lavar los pies a presos de diversas procedencias (incluyendo mujeres y musulmanes) en Jueves Santo, constituía un acto comunicativo poderoso que reforzaba visualmente su predicación de una "Iglesia pobre y para los pobres". Estos gestos crearon una percepción de cercanía y autenticidad que desarmó prejuicios y abrió canales de diálogo.
En ese orden de ideas, ciertas frases pronunciadas por el Papa se incrustaron rápidamente en la conciencia colectiva, volviéndose icónicas de su estilo pastoral y su visión de la Iglesia. "¿Quién soy yo para juzgar?", dicha en 2013, señaló un cambio radical en el tono pastoral hacia las personas LGBTQ+, priorizando la misericordia sobre la condena. "Hagan lío", fue un llamado directo y enérgico a los jóvenes para que se involucraran activamente en la transformación del mundo y de la Iglesia. Y su constante y humilde petición, "Recen por mí", humanizó la figura papal, creando un vínculo de reciprocidad con creyentes y no creyentes por igual, como recoge el artículo "35 pensamientos y frases emblemáticas del Papa Francisco" en Religión en Libertad.
Asimismo, Francisco entendió y abrazó las herramientas de la era digital como púlpitos modernos. Aunque la presencia vaticana en redes sociales se inició bajo el pontificado de Benedicto XVI, Francisco la expandió y utilizó estratégicamente. Plataformas como Twitter (@Pontifex, en múltiples idiomas) e Instagram (@Franciscus) se convirtieron en canales directos para difundir sus mensajes breves y cercanos a millones de seguidores. La creación de aplicaciones como "Click To Pray" y formatos como "El Video del Papa" mostraron una adaptación pragmática para llegar a nuevas audiencias y mantener una presencia continua y accesible en el espacio virtual, destaca un artículo de Infobae sobre el uso papal de las redes sociales.
Su papado estuvo cimentado en mensajes centrales potentes y bien definidos, articulados en documentos de gran calado comunicacional. La exhortación apostólica Evangelii Gaudium (2013) no solo fue su hoja de ruta, sino un vibrante llamado a la acción, instando a una "Iglesia en salida" que dejara la comodidad para ir a las "periferias" geográficas y existenciales, un concepto recurrente en su comunicación. Dos años después, Laudato Si' (2015) representó un hito comunicacional al posicionar la crisis ecológica no solo como un problema científico o político, sino como un imperativo moral y espiritual profundamente arraigado en la fe. Al conectar "el grito de la tierra" con "el grito de los pobres", logró que el ecologismo se convirtiera en una parte integral del discurso católico global, generando un diálogo que trascendió lo eclesial.
Más allá de los temas explícitos, los conceptos teológicos profundos que Francisco comunicó buscaban tocar las fibras sensibles de la experiencia humana y eclesial. Central fue la "cultura del encuentro", que él promovió incansablemente, entendida como un movimiento activo para salir de uno mismo y encontrarse genuinamente con el "otro", reconociendo su dignidad inherente. Igualmente poderosa fue la metáfora de la Iglesia como "hospital de campaña", una imagen que comunicaba su visión de una Iglesia cuya prioridad urgente no es la condena o el juicio, sino salir "al campo de batalla de la vida para curar heridas y dar calor a los corazones", según reportes de Vatican News sobre sus homilías.
Así las cosas, ningún pontificado está exento de crisis, y Francisco enfrentó tormentas comunicacionales significativas. Respecto a la devastadora crisis de abusos sexuales por parte del clero, empleó un lenguaje contundente, calificándolos de "crímenes" y "pecado", y pidiendo perdón en numerosas ocasiones. Comunicó acciones concretas, como la abolición del secreto pontificio para estos casos y el establecimiento de procedimientos claros mediante la ley Vos Estis Lux Mundi, buscando una mayor transparencia y rendición de cuentas. Sin embargo, su gestión comunicacional no estuvo exenta de críticas ni percibida siempre como suficiente, como en el caso del obispo Barros en Chile, donde tuvo que recular y pedir perdón públicamente tras defenderlo inicialmente, lo que demuestra los desafíos inherentes a comunicar sobre heridas tan profundas y sistémicas.
En el ámbito financiero, Francisco también comunicó un fuerte impulso a reformas estructurales orientadas a la transparencia. Esto incluyó la creación de la Secretaría para la Economía y la centralización de la gestión financiera, buscando superar la opacidad del pasado. Reforzó estas medidas con acciones demostrativas contundentes, como la investigación y posterior juicio y condena de altos funcionarios, incluido el Cardenal Becciu, reporta Infobae en artículos sobre las reformas vaticanas, enviando un mensaje claro contra la impunidad.
Comparado con sus predecesores, Francisco marcó un contraste notable. Mientras que la comunicación de Juan Pablo II llenaba estadios con su carisma global y la de Benedicto XVI llenaba bibliotecas con su profundidad teológica, Francisco "buscaba llenar el espacio del encuentro personal", ya fuera físico o virtual, señala un análisis comparativo en Revista Comunicación. Su estilo fue menos performativo que el de Juan Pablo II y menos formal que el de Benedicto XVI, centrándose en la cercanía y la gestualidad.
El legado comunicacional del Papa Francisco es complejo y, sin duda, significativo. A través de un estilo personal distintivo y una adaptación inteligente a los medios modernos, logró proyectar una imagen de la Iglesia Católica más accesible, humana, misericordiosa y activamente comprometida con los grandes problemas sociales y ambientales del mundo. Sus éxitos en conectar con audiencias diversas y humanizar la figura papal han sido notables y, seguramente, inolvidables para muchos.
Aunque su estilo informal y sus reformas generaron resistencias internas y desafíos comunicacionales puntuales, es innegable que ha alterado permanentemente las expectativas sobre la comunicación papal. Como señala un análisis sobre la "cultura del encuentro" publicado por proyectoscio.ucv.es, "el Papa Francisco será recordado como un comunicador que comprendió profundamente que los mensajes más efectivos no son solo los que se dicen, sino los que se viven y se muestran". Su impacto en la voz del Vaticano resonará por mucho tiempo.


