Por: Valeria Esteban, Comunicadora Social – Periodista
De acuerdo con las más recientes cifras publicadas por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) correspondiente al año 2024, en cuanto al descenso de la natalidad en Colombia, el tema es más que preocupante, ya que no se queda en números comparativos, sino que afecta la fuerza laboral y encadena también, los aportes de pensión, y salud a largo plazo.
Esas hermosas familias colombianas de nuestros abuelos, que se daban el lujo de tener más de 5 descendientes y en la mayoría de los casos, en buenas condiciones de vida, quedaron en el pasado, ya que el promedio actual es de 1,63 hijos por mujer, llevando al envejecimiento de la población, que ha aumentado su esperanza de vida. Y aunque no es un tema solo de nuestro país, ya que el costo de vida, el valor elevado de la educación, dificultades para adquirir una vivienda digna, y la canasta familiar, también hacen lo suyo, muchos hogares optan por no “arriesgarse” a traer niños al mundo, o prefieren tener una mascota en casa, para sentir compañía, sin compromisos y responsabilidades tan grandes o a largo plazo, como lo es un hijo; aunque cabe resaltar que los animalistas, hacen que cada vez tengan más derechos y gastos que un niño.
Por otra parte, el crecimiento de la cultura woke, “ideas progresistas”, jóvenes cada vez más independientes, la preocupación por la sobrepoblación mundial, el apoyo económico a los abortistas y el feminismo exagerado, la planificación familiar, también tienen parte en este descenso de la población, pues las familias tradicionales son cada vez menos, y creen que pueden disminuir la población, con ideas modernas según su punto de vista, sin pensar en los resultados que desencadena esto para el mundo.
Para los expertos en desarrollo, no es un secreto que, las cifras del crecimiento social son directamente proporcionales al progreso económico, social y cultural de un país. Por tanto, en estados como Colombia y nuestros países de Latino América y el Caribe, donde la base de la pirámide está en los temas de pensión y salud, sostenida por la población productiva, empieza a volverse cada vez más pequeña e incierta. Al haber menos mano de obra calificada que aporte al sistema, hacia el futuro también se reduce el recaudo tributario y la economía comienza a tambalear.
Es una tristeza, que en países que no gozan de una economía realmente estable, se vea cada vez más afectada por nuestros “no” al aumento de la natalidad infantil; que se nos vuelva paisaje vivir rodeados de una población adulta, que tiene menos posibilidades y requiere cada vez más auxilios del estado, donde es novedad ver un bebé en la familia y parece casi un crimen decirle sí a la vida, no solo por el qué dirán, sino por: y ¿ahora qué va a hacer? ¿de dónde va a sacar el dinero para la educación? Etc.
Ahora, el turno y la responsabilidad, le corresponde al Gobierno Nacional, para empezar a incentivar la tasa de natalidad y familias tradicionales, que a futuro ayuden a sostener el país, y mitigar el colapso en su economía y el desarrollo en todo sentido.


