Soledad y compañía: el dualismo de la comunicación

Soledad y compañía: el dualismo de la comunicación

Por: Valentina Guatibonza
Especialista en Comunicación Multimedia

El hombre es por naturaleza un ser social dotado de palabra. Razón suficiente para que la comunicación y la relación con los demás se convirtieran, desde su origen, en elementos imprescindibles para su existencia y supervivencia.

A través de la comunicación el ser humano sintetiza, organiza y elabora toda su experiencia y conocimiento. Es un instrumento social tan importante que permite influir en las ideas, en los pensamientos y hasta en las acciones de los demás.

A lo largo de las historia se han conocido diversos sistemas que van desde las pinturas rupestres (30.000 a.C.) hasta lo que hoy conocemos como redes sociales (2.004 d.C). La evolución trajo consigo las invenciones del telégrafo, del código morse, del fonógrafo, del teléfono, de la radio y la televisión -por nombrar algunos-, demostrando como la tecnología ha sido gran aliada en el desarrollo y modernización de la comunicación.

No obstante, con la llegada de Internet, esta forma de enviar y recibir información encontró un canal de retorno que hasta entonces no existía y que trajo consigo la bidireccionalidad. La red se convirtió entonces en un medio democratizador con una nueva dimensión social y participativa que alcanzó un crecimiento exponencial sin precedentes. El establecimiento de las conexiones globales logró que las barreras pre establecidas se desdibujaran y la inmediatez comenzara a ganar protagonismo.

Con el auge de las nuevas tecnologías, el mundo virtual permitió crear novedosos entornos de comunicación y de interacción entre los usuarios. En este ecosistema comunicativo digital, el celular se convirtió en herramienta indispensable e imprescindible en la sociedad, a tal punto de ser catalogado como símbolo de la convergencia digital.

Este ha dejado de ser un simple instrumento técnico de comunicación para convertirse en un dinamizador de prácticas sociales y culturales presente en el día a día, una extensión intrínseca del cuerpo humano.

En el 2007, cuando la compañía Apple presentó el primer Iphone, se marcó un hito no solo en el rubro de la telefonía móvil sino también, y como aseguró Steve Jobs en su discurso de lanzamiento, en la incursión de un sistema novedoso de comunicación online y la reinvención del teléfono, tal como se conocía hasta entonces.

Su rápida expansión trajo consigo altos niveles de penetración y un fuerte cambio de paradigmas que le permitió a nuestra cultura, identificarse a través de nuevas estrategias, usos y apropiaciones de tecnologías que no tienen barreras y nos permiten estar siempre conectados, generando espacios de participación y de intercambio de experiencias.

Es así, como la tecnología móvil ya no solo suple necesidades de comunicación sino también de entretenimiento, alterando hábitos de comportamiento y costumbres que generan influencias no siempre positivas. Actualmente, el uso excesivo del celular nos está convirtiendo en seres dependientes, a tal punto de hacernos padecer lo que se conoce como nomofobia: considerada la nueva enfermedad del siglo XXI que consiste en el miedo irracional a estar sin acceso a este dispositivo.

Para el novelista y semiólogo italiano, Umberto Eco, las nuevas tecnologías aunque podrían ser el remedio para la soledad de muchos, se han convertido en una enfermedad que se incrementa con el uso de aplicaciones que relacionan a las personas con figuras, muchas veces, fantasmagóricas.

“Apenas sostenemos ya conversaciones cara a cara; ni reflexionamos sobre los temas apremiantes de la vida y la muerte, o siquiera vemos hacia el campo cuando pasa frente a nuestra ventanilla. En vez de ello, hablamos obsesivamente en nuestros teléfonos celulares, rara vez sobre algo particularmente urgente, mientras malgastamos la vida en un diálogo con alguien a quien ni siquiera podemos ver”.

De igual forma, ha dado lugar a un nuevo uso del vocabulario más simple y un lenguaje menos formal. Ausencia de puntuación y de mayúsculas, errores ortográficos y oraciones cortas son el común denominador de las producciones escritas.

Pero no todo es malo. Esta nueva etapa ha permitido también la revolución de información más grande de todos los tiempos en la que hemos aprendido a tomar la palabra a nuestra manera y con ella, hemos logrado reapropiar los instrumentos de comunicación.

Así las cosas, el uso de la tecnología está transformando nuestras vidas. Gran parte de las relaciones sociales se desarrollan en y a través de múltiples pantallas que nos convierten en seres hiperconectados, evidenciando cambios en la forma de relacionarnos entre sí. Sin embargo, no debemos perder la forma esencial de comunicarnos; la mirada a los ojos y el verdadero sentir de una palabra deben seguir siendo la manera más genuina de expresión en cualquier generación.

 

 

1 Respuesta

  1. ¡Excelente!

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