PERIODISMO AUTODESTRUCTIVO Y DESESPERADO

PERIODISMO AUTODESTRUCTIVO Y DESESPERADO

Por: Rodrigo Beltrán, presidente Bells Medios

La crisis financiera que atraviesan los medios de comunicación no solo en el mundo sino en Colombia, ha traído como consecuencia la preocupante desocupación laboral en las salas de redacción, sumado de manera cada vez más aguda el manejo y las malas prácticas profesionales de nosotros los periodistas, ocasionadas por la contaminación proveniente de: competencia inocua,  y el afán de protagonismo en las  redes sociales - es más fuerte e influyente el que tenga más clics, más seguidores, más réplicas-. Así como  la imagen de aparente interés partidista de los trabajadores de la información,  el deterioro de la ética y la responsabilidad en la información,  el enfrentamiento  abierto y al garete ante la opinión pública entre los mismos colegas en redes y en programas de opinión, etc etc.

Debido a lo anterior y a otros fenómenos que causan deterioro para una de las profesiones más bellas, el ejercicio del periodismo en nuestro país a excepción de casos muy concretos, está hoy al borde del abismo.

 Existe una pérdida gradual de  reputación y credibilidad  y los factores son varios, que no solamente han dependido del periodista en sí. Ya lo anticipaba nuestro Premio Nobel de Literatura García Márquez en 1996… ante la Asamblea Interamericana de prensa número 52 en Los Ángeles, Estados Unidos, cuando afirmó en uno de sus apartes: “las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.” 

Hoy, lamentablemente, es fácil encontrar en tertulias de ciudadanos en cafeterías, corrillos e incluso al interior de los hogares y  demás, en el ejercicio diario de la polarización en que vive Colombia, personas opinando y señalando con el dedo a los periodistas en donde los califican con nombres propios de pertenecer a la  izquierda o a la derecha, y señalados abiertamente de ser pagos.

Así nos han estigmatizado con una visión que se esta generalizando cada vez más y produce preocupación y tristeza, lejos en algunos casos de ser una realidad, porque el problema no solamente es el ser, sino el parecer. 

El amanecer informativo de la prensa en desarrollo se ha convertido en crear un numeral, exponer el tema del día, dejar que los cibernautas participen muchas veces motivados por obsequios y demostrar que son tendencia o primera tendencia, es la usanza en donde se depende de la sensibilidad del ciudadano, son los que ponen el músculo de rating, del impacto para que sean ellos los que le den valor a esa conexión digital, aquí el oyente, lector, televidentes  o  twittero, youtuber, etc. es importante por la aceptación o polémica que produce su mensaje sin ir más allá, porque con la velocidad de las redes sociales nos cuantifica y por ello hoy es  tendencia (no necesariamente noticia) la corrupción de un funcionario y mañana será la mujer que acosa a un agente de policía y pasado mañana la caricatura acusada de partidista o por qué no el ciudadano que le salva la vida a un perro o su mascota. Aquí priman los números más altos, los miles de likes y así seguimos dando vueltas sin aterrizar, sin priorizar la noticia, detenernos a realizar un verdadero periodismo investigativo en donde se sustente una denuncia, claro está, algunos sí lo están llevando a cabo y en eso hay que reconocer los pocos pero valientes esfuerzos que por momentos se alejan de la contaminación informativa y ejercen el periodismo en su visión ética y clásica de compromiso con la sociedad.

¿Por qué nuestro periodismo está en shock, desesperado y llevando el camino de la autodestrucción? sencillamente porque estamos enfrascados mecánicamente en el mundo digital que está hecho para hacer show por ingenieros genios y expertos, pero simple y sencillamente ingenieros que lo crearon entre otras, para vender información mas no para calificar de manera eficiente el fondo de los mensajes.

Así pues el futuro de nuestra ciencia periodística es efímero, incierto, vive hoy en las nubes cobijada por la sombrilla del resplandor del boom de la tecnología que ya mal utilizada ha afectado de manera individual hasta el carácter y el genio, el sentido común  y la esencia del  comunicador informativo,  tanto que nos hemos vuelto como los viejos maestros de los oficios utilizando de escudo el prestigio de los medios de comunicación, blindados a través de ellos: sobrados, mañosos sin escrúpulos a veces, histérico rumbo a la jubilación, y lo peor, pisoteando en casos muy frecuentes la profesión que en otras naciones constituye  la esperanza, el futuro, el factor de cambio y la dignidad de una sociedad.

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