“YO ME LLAMO: CULTURA PLÁSTICA”

“YO ME LLAMO: CULTURA PLÁSTICA”

 Por: Valeria Esteban, Comunicadora Social – Periodista

Ya bastante se ha hablado de la cosificación de la mujer, del prototipo de belleza que nos imponen los medios de comunicación para “ser más agradables y aceptados por los demás”, y si tenemos redes sociales propias aún más, porque parece que lo único que importa son los likes y los seguidores que se ganan cada vez que se sube un post o una historia.

Esa belleza impuesta que se contagia como plaga y no discrimina edades, sexo, religión o clase social, porque lo único que importa es seguir como corriente todo lo que se impone, llegando a parecer simplemente fotocopias de un original de cultura plástica.

Empezamos luchando por arreglar narices grandes, torcidas o abultadas, para que todos la tuviéramos igual de rectas, luego las mujeres nos vimos avocadas a tener senos grandes y parecía una competencia por ver cuál llevaba más peso en su pecho, aún a costa de fuertes dolores de espalda, seguimos con mentones cuadrados y cuasi perfectos, que hacían ver a los hombres como Kent, el novio de la Barbie, y a las mujeres con un toque bastante raro. Después, vino la liposucción y ahora todos debían estar marcados, con el abdomen plano a la fuerza, así fuera para algunos solo por un tiempo, porque no se le puede realizar este procedimiento al cerebro para cambiar a la fuerza el chip de la alimentación, y por eso encontramos personajes con 2 , 3 y hasta 4 “lipos”; pasamos por “pantorrillas de lujo” especialmente usadas por los hombres a quienes allí no les funciona el ejercicio, y si hablar de la cola se trata, no les importa que se note la prótesis y queden como repisas, porque ni la estatura es problema para mostrar como patos lo que naturaleza les negó.

A todo lo anterior, se suma la depilación láser apta para todos, porque tener un solo pelo en el cuerpo es símbolo de suciedad. También se requieren cejas marcadas y abundantes que saquen la cara por el resto de las facciones. Así mismo envejecer se convirtió en un delito, se critica a aquellos que prefieren dejarse sus arrugas, sus canas y demás, casi que obligándolos a decir, “mantendré siempre joven a punta de tinturas, Toxina Botulínica e hilos de colágeno”.

Si buscamos el fondo de estos prototipos, concluimos que hemos llegado a ellos por la insistencia acelerada de los medios de comunicación: revistas y televisión que desde principios de siglo han salido con la belleza humana en la publicidad, en los programas televisivos de los grandes canales y actualmente en Redes sociales, donde seguimos alimentando como idiotas útiles el deseo por “la perfección”; aún recuerdo a mi abuela y sus amigas hablando de lo bellas que eran las modelos de la época y cómo querían de alguna forma parecerse haciendo dietas y arreglando sus cabellos a punta de la famosa toga.

Ah y para rematar, ahora hasta los dientes son tendencia, por ejemplo: en “Yo me llamo” todos: jurados, presentadores y hasta participantes, parecen tener una caja de chicles Adams en la boca, con una masa más blanca q la nieve, ahora nos quieren mostrar su “sonrisa fresca más postiza”, para quienes se están dejando convencer, les cuento que hace poco me propusieron colocarme en los dientes las tales “carillas” (no resinas), para hacerlos ver más grandes y blancos; al no estar de acuerdo con dicha propuesta, le pregunté a mi odontóloga que está más preparada que un Kumis, si ella se las pondría y ¿saben que me contesto? Que no, que a largo plazo tienen un mal fin, maltrata los dientes originales y tiene problemas cuando se quiera volver atrás, conclusión: Esperemos que no tengamos que decir “Yo me llamo: cultura plástica hasta en los dientes”, por una mala comunicación que solo tiene desdichados a muchos que no tienen el poder económico para cambiarse y ponerse en onda con la moda.

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