LA PURGA DE TWITTER

LA PURGA DE TWITTER

Por: Rodrigo Beltrán - presidente Bells Medios 

Twitter no debería ser el único camino para encontrar una solución a la falta de responsabilidad, a lo ético y lo moral en los mensajes que millones de tuiteros suben a esta red social y donde impulsados más por deseos y fanatismos extremos incurren en gran porcentaje en la llamada “conspiración, agresión, invitación al caos institucional, desinformación, etc.”

Lo sucedido recientemente en los Estados Unidos con el cierre definitivo de la cuenta del Presidente Trump, es un reflejo de la sociedad enferma en la que estamos y del “poder de control” imparable de los creadores y supervisores de la red. Desde que ocurrió la llamada toma del Congreso en Washington, de acuerdo con agencias internacionales, son más de 70.000 cuentas de Twitter cerradas sólo en este país, debido según esta red social y de manera textual como lo publicó el diario El Espectador, relacionándolo con un comunicado oficial de Twitter: “Estas cuentas compartían contenido nocivo asociado a QAnon (Organización de ultra-derecha) de manera masiva y se dedicaban principalmente a la propagación de esta teoría de la conspiración”, precisando adicionalmente que muchos individuos tenían más de un perfil.

Para mí, es claro que la decisión autónoma de un individuo sobre qué contenido incluir y cual no, en su cuenta preferida de cualquier red social, no pelea con la sagrada libertad de expresión que siempre debe mantenerse vigente y es prenda de garantía en una sociedad democrática. Las redes sociales, afirman expertos, son eso, espacios en donde éste o aquel, pueden de manera libre exponer y dar a conocer lo que siente y piensa, sin límites. Esta afirmación en principio está correcta, pero antes de esto debe prevalecer el sentido común y la responsabilidad hacia lo colectivo, cuando se publica un mensaje a una comunidad virtual grande o pequeña, y no solo convertirla en una verdadera válvula de escape, en donde lo pasional tiene mucho que ver y muy poco lo racional.

El problema en la comunicación no es que se dice sino cómo se dice, es tan sencillo como eso. Sin embargo, la rapidez del mundo virtual, los deseos desenfrenados de opinar y de impactar, las inclinaciones e intereses políticos, religiosas y en todos los órdenes, hacen que no se piense cómo decir sino que se diga para impactar sin medir consecuencias.

Para expertos preocupa profundamente, el poder que han tomado las redes sociales y en concreto los creadores de las mismas. Es necesario detener con normatividad, condiciones y límites que impongan los gobiernos en cada país, a los administradores de Twitter, Facebook y otros gigantes virtuales de estos canales sociales, lo cual no será fácil pues ya han tomado mucha ventaja.

Habría que exigirles a los creadores de las redes sociales que deben emprender una campaña educativa  universal hacia los millones de usuarios sobre la calidad, tono y construcción de los mensajes. Una acción pedagógica que es obligación de ellos pero que poco o nada han hecho con efectividad sobre este tema, pareciera que lo importante solo es el desarrollo del mercadeo al interior de las redes y sus beneficios de ingreso publicitario global y ahora las expresiones de “Poder” para sancionar hasta al hombre más poderoso del mundo, el Presidente de los Estados Unidos.

Finalmente, de manera paralela se debe iniciar una verdadera acción ejemplarizante de tipo legal y jurídico, con sanciones para aquellos que mantienen en las redes mensajes que atentan contra la integridad de personas, entidades, organismos. Esto último que blinden por fin y realmente a los afectados y que les ponga límites a los causantes o francotiradores verbales de las redes.

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