Por: Rodrigo Beltrán - presidente Bells Medios
Aquí el tema no es el nombre del candidato, tampoco su favoritismo o no frente a algunas encuestas y menos el partido que representan, ni su agenda temática, o su propuesta para el presente y futuro del país, especialmente ahora que hemos dejado atrás las elecciones legislativas y las consultas presidenciales del pasado 8 de marzo.
El "meollo" del asunto, como se diría popularmente para los que manejan pauta publicitaria y desean cautivar las estrategias calculadas del mercadeo político, es: cómo fue la repartición y cómo se invirtieron los millones y millones de pesos para obtener la visibilidad paga del pesado e incierto lenguaje en tiempos de campaña. Tras los resultados del 8 de marzo, la gran pregunta es si esa inversión se tradujo realmente en curules o si la "torta" simplemente se esfumó en ruido digital.
Un llamado a que esta misión sea responsable, respetuosa, con valor en la ética y buen manejo, basado en narrativas llenas de innovación, calidad en los mensajes, construcción de comunicación asertiva cerrando el camino a la publicidad engañosa. Todo lo anterior, con transparencia y limpieza, contrario a lo que en redes sociales estaremos sometidos en una polarización en su máxima expresión donde no existirá límites ante las ofensas, los fake news y las injurias, definiéndolo como un paisaje vulgar semblanza de una sociedad en decadencia.
Y es que los números hablan por sí solos. Según Cuentas Claras del Consejo Nacional Electoral y la Misión del Observatorio Electoral, en campaña para la presidencia en el 2022 se reportó un gasto de $25.149.017.870. De este, el 72% correspondió a propaganda y publicidad, lo que traduce en una inversión de más de 18 mil millones… una torta dulce y pesada. En Senado y Cámara, juntas en campaña para el Congreso, las cosas no fueron diferentes, registrando una inversión de publicidad y propaganda que superó los 42 mil millones de pesos.
La conclusión salta a la vista y muy seguramente en el área comercial se frotan las manos los medios tradicionales, los medios virtuales y entre otros los llamados Influenciadores, que multiplican los costos y cuyo valor supera en muchos casos a las demás alternativas. Aquí el llamado urgente es a que esta regadera de inversión publicitaria no contamine y permee los contenidos editoriales de los medios de comunicación, y logren mantener la objetividad noticiosa y el equilibrio que exige no solo la norma, sino la moral y la profesión del periodismo serio y responsable.
Sobre los influenciadores, codiciados y amados por agencias de publicidad y las estrategias de comunicación, no hay buenas noticias. Se habla de una encuesta realizada por la prestigiosa firma francesa Ipsos entre mayo y junio del 2024, cuya muestra alcanzó 32 países y 23 mil encuestados entre los 18 y 75 años, y que arrojó como resultado que son a los políticos y a los influenciadores a los que menos se les cree (https://www.ipsos.com/en/ipsos-global-trustworthiness-index-2024?utm_source). O sea, deben pensarlo más de una vez si quieren contratar influenciadores para manejar o manipular opinión.
Lo cierto es que ya el camino está hecho y llegó la hora de la verdad. Con el cierre de las urnas el pasado 8 de marzo, las cartas para el Congreso ya están sobre la mesa y los ganadores de las consultas inician una nueva carrera. Ahora, el enfoque de la inversión y la estrategia se traslada con urgencia hacia el próximo 31 de mayo, día en que los colombianos volveremos a las urnas para elegir al próximo poder ejecutivo.
Ya algunos se chupan los dedos y, de hecho, han recibido "la pruebita", contrario a los tiempos de antes cuando, sin dejar de ser estratégicos, la torta era distribuida sin recelos de manera equitativa y con altura... donde "los favores" eran para todos en el complejo mercado publicitario. Pero, si queremos dar sorpresas y en una demostración histórica crecer en democracia, será el votante el que elija por encima de recompensas y acomodaciones este 31 de mayo.


